jueves, 31 de diciembre de 2009
Deseos para el 2010
1er deseo: uno típico y tópico, lo sé, pero no por eso menos necesario: salud, dinero y amor. Que ninguna de las tres variables flaqueen nunca, ni para mí ni para todos a los que quiero, ni para todos a los que no.
2º deseo: que este año me dure más que el anterior. Este deseo nunca se cumple a pesar de que lo pido dos veces por año, una en diciembre con las uvas y otra en marzo apagando velas. Más lo pido y más rápido me pasa el tiempo. Aun así, insisto: dejar de tener la sensación de que el tiempo se me escurre entre los dedos.
3er deseo: no perder la ilusión en las pequeñas cosas ni en las grandes, ni las ganas de aprender, ni las de sorprender, ni las de reír, ni la creatividad, ni los sueños.
4º deseo: fortaleza y flexibilidad para capear tempestades.
5º deseo: No dar nunca nada por supuesto ni por perdido. No rendirme jamás.
6º y último: Suerte. Esencial, necesaria e imprescindible en todo.
Feliz 2010 a todos y gracias por estar ahí.
viernes, 20 de noviembre de 2009
Risoterapia
miércoles, 18 de noviembre de 2009
jueves, 12 de noviembre de 2009
Palabras odiosas I
No sé si esto me pasa sólo a mí, pero hay palabras y expresiones que me dan mucha rabia. No quiere decir que no las utilice, que muchas veces las utilizo precisamente por eso. Una más: “confitura”, es odiosa por lo fina que es, y eso que las palabras que terminan en “ura” me suelen gustar bastante.
Y para finalizar una nueva que he añadido recientemente al repertorio gracias a un amigo bloguero al que le gusta utilizarla en sus relatos: Ajonjolí. No sabía ni lo que era, pero ha entrado con fuerza en el ranking. Da rabia, y mucha.
Y por hoy no se me ocurre ninguna más, aunque os aseguro que hay un montón. En cuanto vayan surgiendo me las iré apuntando, y crearé un segundo post. Si hay algún rarito/a al que le pase lo mismo que a mí, me encantará que aporte sus palabras para crear entre todos un glosario.
martes, 10 de noviembre de 2009
Mis mil vocaciones
viernes, 18 de septiembre de 2009
Cuento Atrás
Para los que queráis saber más del libro y sus autores, se ha creado una página web donde se encuentran todas las novedades que se van produciendo alrededor del libro, y un apartado destinado a la biografía de los autores, entre ellos yo. (jeje, qué ilusión me hace! Sonia Ramírez, por si tenéis curiosidad).
La página web del libro:
http://www.cuentoatras.com/
Os podéis hacer fans en facebook, podéis pasar esta dirección a todos vuestros amigos, conocidos, primos, padres, hermanos, maridos, mujeres, vecinos, al peluquero de la esquina, al zapatero remendón y al taxista de turno. A cualquiera. A ver si así conseguimos entre todos que el libro se venda como rosquillas, se haga una segunda edición y una tercera y una décima; se decida la traducción a 45 idiomas y se convierta inmediatamente en un bestseller mundial colapsando todas las librerías, entre ellas las de la China y las de Uzbekistán.
Y ahora me despierto ya, que no son horas éstas para estar soñando.
Un besito a todos!
martes, 15 de septiembre de 2009
Soy un corazón tendido al sol
jueves, 3 de septiembre de 2009
Pájaros en la cabeza

“Pon los pies en la tierra, ya tienes edad” solía escuchar.
Pero ella intuía que en el suelo se perdía la capacidad de imaginar. Intuía que una vez en la tierra, todo se volvería demasiado definitivo, sus sueños se diluirían hasta convertirse en grises y monótonas realidades.
“Nunca pondré los pies en la tierra” sentenció. “Seguiré en mis nubes, imaginando mundos de colores y durmiendo en lechos fabricados con algodón de azúcar”.
Poco podía imaginar entonces que acabaría enamorada de un árbol grande y hermoso. Un árbol seguro, bien plantado, de grandes raíces y enorme corazón.
Ella intentó llevárselo al terreno de los sueños, pero sus enormes raíces se lo impidieron.
Él intentó que ella pusiera los pies en la tierra, pero sus pájaros se negaron.
Y entonces lloraron juntos por la impotencia de no poder mostrarse el uno al otro lo que cada uno consideraba la mejor manera de vivir.
Un día, desesperada, buscó una escopeta y con lágrimas en los ojos expulsó de su cabeza a todos y cada uno de sus hermosos pájaros, precipitándose acto seguido y con violencia al vacío.
Cerró los ojos y esperó el golpe que la asentaría en un suelo duro y terrible.
Sin embargo, las ramas de su árbol amortiguaron la caída y sus hojas la acunaron hasta depositarla suavemente en una tierra fértil y afrutada. Cambió el algodón de azúcar por flores de manzanilla, y las nubes por césped recién cortado.
Y sonrió y gritó de alegría, cuando al mirar al cielo comprobó que sus pájaros seguían vivos, tan vivos como siempre pero ocupados ahora en proyectos nuevos y además reales.
Y entonces se abrazó a su árbol y descalza se revolcó en la tierra. Y decidió que a aquel cambio le llamaría madurar.
martes, 4 de agosto de 2009
Vivir en un pueblo llamado Polla, o el arte de dormir 18 horas al día

No a un sueño cualquiera. Huele a sueño denso, de los que pueden cortarse con un cuchillo afilado por el hombre de la motocicleta. Huele a sueños que uno no sabría precisar si en algún momento fueron realidades o tan solo deseos. Huele a siesta de 3 horas con despertar confuso incluido.
Esas pequeñas y transparentes partículas narcóticas que invaden el ambiente, como un ritual, hacen estornudar al recién llegado más de cien veces seguidas. Y es que se necesita de un periodo de adaptación al ambiente onírico que reina en sus calles, que es directamente proporcional al grado de estrés y realidad que uno padezca en su vida cotidiana.
Aquí no hay prisa para nada porque a modo de regalo de bienvenida, las horas deciden por si solas multiplicarse por cuatro. El tiempo deja de ser un verdugo para convertirse en uno más que juega a las cartas. El repicar de las campanas de la iglesia, el arrullo de las palomas e incluso el griterío de las vecinas son el hilo musical imprescindible que transporta a la parte más profunda e inconsciente de uno mismo. Es un mundo en el que la vida huele siempre a pasta al forno y a cebolla dorándose al fuego. Es un mundo en el que, mientras el aroma a limoncello te embriaga, los deseos se fragmentan y se transforman en futuros proyectos reales.
En este pueblo, las brujas se comen las manos de los niños en castillos inventados. Y los espíritus conviven en armonía con las estampas del padre Pio y del irascible Santo Antonio, capaz de derrumbar el pueblo entero de un terremoto si se le interrumpe el reposo dentro de la capilla de Santa Maria della Croce.
Los peces del rio de este pueblo tienen más de dos cabezas, y a la mayoría de las mujeres enlutadas les faltan más de dos dientes.
Éste es el mundo que se vive en este pequeño y meridional pueblo italiano situado en lo alto de una montaña amarilla cuyo nombre es Polla. Nombre -para mí como española- curioso y chocante donde los haya, que proviene de Insteia Pollae, la consentida e imagino que insomne hija de un cónsul Romano, que allá por el siglo IV a. C. se hizo regalar una montaña amarilla que olía a sueño, con el único propósito de pasar durmiendo en ella sus veranos.
lunes, 3 de agosto de 2009
Tiempo

jueves, 9 de julio de 2009
Escribir empezando por el final

Qué maravilla de libro. El caso es que llegué al capítulo en el que se recomienda escribir empezando por el final, es decir, sabiendo ya de antemano cómo va a terminar la historia que se pretende contar. Es un tema que ya se había tocado en clase, básico y fundamental dentro de las técnicas narrativas, utilizado por Poe y por la gran mayoría de grandes cuentistas.
Por más que estoy segura de que es una técnica muy útil, me temo que no para mí.
Soy incapaz de saber cómo va a terminar una historia nada más empezarla. Aunque lo intentara, no podría. Porque yo cuando disfruto realmente es escribiendo sin saber qué va a pasar. Hay días en que escribo del tirón, me siento y vomito una historia, las palabras llegan casi solas y no necesito apenas pensar, suelen ser además los relatos que más me gustan. Por desgracia no siempre me pasa así, pero lo que sí que no me pasa nunca es que sepa ya el final de antemano. Me gusta que la historia se vaya escribiendo a si misma, que los personajes vayan cambiando, las situaciones también, y una cosa lleve a la otra. Muchas veces encuentro que he terminado el relato sin darme ni cuenta. Otras veces, cuando el conflicto es muy raro, o la historia tan extraña que no tiene una solución natural, y me atranco, disfruto muchísimo también pensando en qué solución darle, comentando con la gente, buscando ideas. Es como una adivinanza que me propongo a mí misma, y durante varios días, pienso y repienso, a ver cómo lo puedo terminar de una forma medianamente decente. Ese placer no lo tendría, si ya de antemano supiera qué fin darle a la historia.
Así que nada, éste es uno de los pocos consejos que no he aprovechado, ni del curso de escritura, ni del maravilloso libro de Enrique Páez, que si no tenéis os recomiendo. Supongo que cada cual debe encontrar su propia manera de escribir, y lo que sirve a unos, a otros no sirve de nada.
¿Qué opináis vosotros? ¿Cómo escribís? ¿Os sale del tirón? ¿Os lleva días? ¿Pensáis mucho antes de poneros a escribir? ¿Escribís ya sabiendo el final, o vais sobre la marcha como yo?
miércoles, 1 de julio de 2009
Hoy voy a matar al crítico

Soy una persona obstinada. De las que cuando quieren algo, nunca se rinden, hasta alcanzar el objetivo, o hasta cambiar de objetivo, una de dos. Da igual lo negro que se ponga el horizonte. Yo persevero en una cosa u otra. Desde hace poco, me he propuesto escribir algo cada día, sin que pase uno.
Y aquí estoy, escribiendo con más empeño que acierto, cuatro historias a la vez. Cuatro historias en paralelo. Me aburro de una y sigo con otra. Dos párrafos más tarde, el crítico que llevo dentro, que se ha levantado hoy de muy mala leche, lee lo escrito, y me obliga a cambiar de nuevo, casi con rabia, a ver si en otra historia estoy más fina. 5 minutos más tarde, vuelvo a cambiar. Con tanta rotación, vuelvo a la historia con la que empecé. Pero si no estaba tan mal, si es amena, no aburre, la idea es hasta original. Venga, sigue. Y sigo. Dos párrafos más tarde, vuelvo a leerlo todo. Vaya porquería. Venga, cambia de historia. ¡No! ¡De narrador! Y cambio, y borro la mitad de lo escrito antes, y sigo escribiendo basura, y borrando basura, y cortando y pegando, y recomponiendo pedazos, y buscando palabras que signifiquen algo, y desordenando para después volver a ordenar. Y cambiando de historia. Y siguiendo los dictados de este maldito tirano que es el crítico que llevo dentro.
Así que hoy, por más que me obstine, me temo que nada de lo que escriba merecerá la pena.
¿Acaso lo merece alguna vez? Me pregunta el desgraciado, sonriéndose con sarcasmo.
viernes, 26 de junio de 2009
Presentación
Alguien me calificó un día como una persona hermética. Incapaz de mostrarse, de abrirse a otras personas, impenetrable. Una persona que no muestra ningún rasgo de su pensamiento o de sus sentimientos que permita entenderla. Efectivamente, la persona que me calificó de esa manera, no me conocía. Y es que me temo que no hay nadie más exhibicionista en este mundo que alguien que pretende ser escritor. Y yo lo intento.
No es hermetismo. Es tan simple como que prefiero escuchar a hablar. También prefiero mi mundo interior al exterior. Suelo pasar horas imaginando, soñando, viviendo en un mundo paralelo que normalmente me interesa más que el real.
Pero no tengo miedo a mostrarme. Ni a vivir la vida con intensidad. De hecho, el tiempo que paso en la tierra es así como la vivo, con intensidad. Por mucho que a veces me duela.
Así que hoy he decidido abrir este blog para mostrarme. Para decir lo que me gusta y lo que no. Para exponer mis reflexiones, mis ideas, mis anécdotas. Por si se diera el caso de que a alguien le interesara verme al desnudo. Pero que nadie se emocione, que en este blog no tengo previsto uitarme la ropa, tan solo la vergüenza.
Ya me iréis conociendo.
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