Yo tengo la teoría de que existen en esta vida dos tipos de personas: los que utilizan marcapáginas para saber por dónde se han quedado en un libro, y los que directamente doblan las esquinas de las hojas.
Yo pertenezco al segundo grupo. En mi opinión, un libro que se ha disfrutado a consciencia no puede terminar impoluto, virginal, nuevo, como si nadie lo hubiera tocado. Sería para mí el equivalente a salir de la cama peinada. Raro. Sospechoso.
Yo creo que un libro que te ha hecho disfrutar, lo mínimo que se merece es que quede constancia física en alguna de sus páginas. Yo, además, no me limito a doblarlas. Cuando el libro lo merece, realizo discretas anotaciones en los laterales, subrayo algunas palabras que me gustan o me disgustan. A veces, (pocas) frases enteras. Cuando un libro me enamora, me baño con él, como con él, leo de pie mientras llueve y estoy esperando en la calle. Por mucho cuidado que tenga, ¿cómo pretender que de eso no quede constancia alguna? Para un libro debe ser un orgullo terminar así, repleto de su propia historia y de la de su lector. Por eso me encantan los libros de segunda mano. Siempre espero encontrar una segunda historia dentro de la primera, algo de personal del primer propietario. Me encanta tener un mínimo indicio con el que ir tirando. Si la página está doblada en cierto punto, ¿por qué? ¿se aburría? ¿le llamaron por teléfono? ¿llegó al trabajo?, ¿le entró sueño?. ¿Por qué terminó el libro en un mercadillo? ¿Se murió el dueño? ¿necesitaba dinero? ¿se fue del país y tuvo que deshacerse de sus libros? Lo cierto es que casi nunca encuentro nada interesante en ninguno, pero no pierdo la esperanza.
Así que no me avergüenzo de afirmar que yo doblo las esquinas de las páginas de mis libros, aun a riesgo de que me tachéis de descuidada o de irrespetuosa o de poco delicada. Y es que soy consciente de que este hábito molesta, y mucho, a los que utilizan marcapáginas.
Si os fijáis, he iniciado este post diciendo que creo que existen dos tipos de personas. Y he dicho personas en vez de lectores porque creo que esta clasificación se puede aplicar también a otros ámbitos de la vida. Me explico: a los que pertenecen al primer grupo, nunca les salen bolas en los jerseys. Más ejemplos: no acarician a los animales para no llenarse de pelos, no se tumban en la hierba si no llevan una toalla para no mancharse los pantalones. Los del segundo grupo son más impulsivos y se manchan más.
En fin, ni mejor ni peor, tan solo diferente, y en cierto modo equilibrante. Creo que las relaciones más duraderas son las mixtas, porque a pesar de sacarse de quicio, también se compensan. Dos del segundo grupo juntos, suele ser demasiado. Intenso, divertido, auténtico y para siempre mientras dura, aunque dura poco. Dos del primer grupo juntos, no tengo ni idea de cómo funcionan.
¿Y vosotros? ¿Utilizáis marcapáginas o dobláis hojas?