viernes, 11 de octubre de 2013

Los contadores de historias





Me gusta escuchar. Me encanta que me cuenten historias, de cualquier tipo. Y como me gusta tanto escuchar, suelo toparme con gente a la que le gusta mucho hablar. De años y años de experiencia como escuchadora he creado una pequeña y particular clasificación de tipos de contadores de historias:

Los desorientados: Son los que empiezan a contarte una historia, en principio interesante y de pronto se van por las ramas. Siguen yéndose, más, y más lejos, y tienes que estar devolviéndoles continuamente al hilo argumental para que te terminen de contar la historia que iniciaron. Si fuera por ellos, jamás la retomarían.

Los rectos: Justo a la inversa. Se trata de esas personas que empiezan a contarte algo que no te interesa y de pronto, de manera casual, aparece algún detalle que sí te llama la atención. Intentas tirar del hilo y sonsacar información sobre ese nuevo tema, pero la persona no está dispuesta en ningún caso a interrumpir o abandonar su historia, así que responde sin ningún entusiasmo a tus preguntas y vuelve a lo suyo, que sigue sin interesarte.

Los repetitivos: Te cuentan una misma idea, una vez y otra y otra vez. Cambian un poco las palabras y los enfoques, pero la idea principal sigue siendo siempre la misma, repetida y repetida y repetida. Y la pillaste a la primera.

Los martillos: Te machacan, acribillan, taladran y consumen toda tu energía en un discurso inagotable, en una verborrea desbocada y asfixiante. Cuando de forma absolutamente anómala formulan alguna pregunta se responden a sí mismos. Lo único sensato que puede desearse si se trabaja cerca de algún martillo es que se vaya pronto, muy pronto, a tomar por saco.

Los imprecisos: Son aquellos que han oído una historia, la han transformado a su manera y no se han hecho grandes preguntas, así que no saben responder a las tuyas. Es probable que la historia sea cierta, (cosa que por otra parte para mí es lo de menos), pero no lo parece. Dentro de este grupo podríamos incluir a los desmemoriados, incapaces de dar datos concretos que documenten o justifiquen su historia.

Los exagerados: Cogen una pequeña anécdota y la multiplican por mil. La aderezan con cientos de detalles morbosos, generalmente inventados o imposibles. Nadie termina de creerse nunca nada de lo que cuentan, pero qué más da, son muy divertidos.

Los pedantes: Saben más que cualquiera sobre cualquier historia. Si están escuchando una, ya la han oído antes y mejor, e interrumpen constantemente para aportar detalles históricos o técnicos que la completen. Éste grupo espera del escuchador grandes dosis de admiración y reverencia.

Los carismáticos: Uno entre un millón. Da igual que hable de política, del cambio climático o de la cría de osos panda. Saben de todo sin caer en la pedantería. Son capaces de transformar una historia soporífera en algo emocionante. Nunca se le acaban las historias, son divertidos y grandes conversadores. Dejan que el escuchador participe y responde a todas sus preguntas con interés y satisfactoriamente. Da igual lo guapos o lo feos que sean porque te van a enamorar, no hay escapatoria. Me he encontrado con dos en toda mi vida.

Y esta es mi clasificación. Si yo tuviera que clasificarme a mí misma, creo que me consideraría una mezcla entre imprecisa desmemoriada y exagerada.
Por otra parte, tengo que admitir que aunque me guste mucho escuchar, muchas veces me conecto el piloto automático y me puedo pasar horas con ajás, sí, mmm, ¿en serio? y pensando en mis cosas. Lo mejor es que los habladores de verdad, aquellos de los que te desconectas, casi nunca se dan cuenta, y es que si hay algo que también tengo muy claro, es que la mayoría de las personas que hablan tanto lo hacen sencillamente porque les encanta oírse.

6 comentarios:

Máximo Cano dijo...

Que sorpresa !!! Escribiendo a pleno rendimiento. Me alegra comprobarlo. Después de leerte, tengo que pensar en que sección de clasificados me encuentro yo. Saludos.

Ariel dijo...

Me ha encantado tu clasificación y no diferimos demasiado. Un beso.

Doblelove dijo...

Te faltan los troleros. Aquellos cuyas historias no hacen gracia ni exagerándolas y deciden contarte algo que no pasó. Los que dicen que han ligado con dos en una noche cuando han vuelto de vació, por ejemplo!

Eric Uribares dijo...

Ay, reencontré tu blog. Un gusto.

Máximo Cano dijo...

HOLA:
y TE PERDEREMOS LA PISTA?
QUE ES DE TU VIDA?
PORQUE NO NOS DELEITAS CON TUS RELATOS. LOS ECHO DE MENOS.

nilabreve dijo...

Hola Sonia. Aqui seguimos en el mundo de ultratumba. Volverán los momentos de contar historias. Seguro aue sí. Un abrazo.

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